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Los Calderon de Trujillo
Estos
Calderón oriundos del Reino de Toledo, honrada
gente y buenos caballeros de pechos nobles, llegaron a Trujillo donde
en poco tiempo compraron muchas haciendas y emparentaron con los mejores linajes
de la Villa, tanto que apenas había casa de las
principales que no llevase sus armas, actualmente
el escudo de los Calderón (escudo de oro con dos
calderones negros)sigue campeando las puertas
de varios Palacios como el de la Plazuela de los
Naranjos partido con el de los Hinojosa,en la
esquina de la calle de las Palomas con los Chaves
y Carvajal y en casi todas las casas Señoriales
de la calle de las Cambroneras. En esa calle vivía
Alvaro Calderón muy noble de condición de muy
buena estatura y perfecto jinete, casose con doña
Evangélica Hinojosa una perfecta doncella que
además de hermosura tenia fama de gran virtud,
devota, honesta, sufrida y callada.
En
pocos años el fogoso don Alvaro y la prudente
doña Evangélica tuvieron seis preciosas hijas,
poseían varios criados, caballos, armas, vajillas
de plata y era cosa de admiración la casa donde
vivían.
Pero
entrado en edad don Alvaro Calderón cambió...
era amigo del buen vivir, buen lucir y sobre todo
de parecer cortesano, gastaba y derramaba plata
con vanidad, en poco tiempo sus bienes habían
desaparecido, su casa estaba desatendida. Para
salir se envolvía en una gran capa de paño negro
afín de esconder su miseria, la familia lo estaba
pasando francamente mal, hasta que su prudente
y callada esposa perdió la paciencia y además
de rezar decidió poner remedio al problema de
su casa, montando un negocio.
En
la época no era cosa fácil sobre todo para una
hidalga noble venida a menos, viviendo en la Villa
en una casona señorial. Pero doña Evangélica tenia
seis hijas a casar, apellidos y antepasados de
lo más ilustres y sobre todo tenia fe en Dios,
era buena cristiana.
Como
las familias de abolengo tenían sus palacios y
casonas en el recinto amurallado, por qué no instalar
allí en la Villa un taller dedicado a tejer seda
para vestiduras de los nobles y potentados que
especialmente necesitaban estos trabajos.
Dios
no desampara a nadie que se encomiende a él de
corazón y así lo hizo doña Evangélica y sus seis
laboriosas hijas... abrieron un taller en la trasera
de su palacio donde hacían greguescos, ferreruelos,
gorgueras, jubones, corpiños, faldas, calzas y
toda clase de prendas de vestir las cuales en
la época llevaban adornos de rica hilatura, eran
sobre todo especialistas en las puñetas de las
mangas que llevaban los religiosos, los militares,
y los civiles.
A
esos tejedores, especialmente de la seda se les
llamaba desde muy antiguo Cambrones, nombre que
procede de las piezas de hierro fijas en las cajas
de los telares de seda que sirven de guía a las
lanzaderas.
Por
esa razón la calle donde tuvo el taller Doña Evangélica
"La Tejedora" se llama calle Cambroneras (es decir
lugar de la tejedurias de lino y seda) y como
se hicieron especialistas en hacer puñetas, trabajo
laborioso de mucha paciencia y fatiga desde entonces
"mandar a hacer puñeta "tiene un sentido de fastidio,
de castigo, sobre todo desde que las malas lenguas
de la época afirmaron que doña Evangélica, no
volvió a dejar entrar en casa a su muy noble pero
demasiado gastoso marido, " le mando lejos a hacer
puñetas".
Decían
las cotillas del barrio de Santiago que le empujo
a la otra orilla.
Este
hostal (primer hostal de la Villa) fue según las
leyendas del siglo XVl el lugar de trabajo de
doña Evangélica. el primer taller de la Villa.
En
una ventana de la planta alta se puede apreciar
un pequeño y humilde escudo con las armas de las
hijas de Don Alvaro Calderón, felizmente casadas
con hidalgos que marcharon a Indias.
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