Francisca Pizarro

Relato: Aquitecto Victor Gonzales

 

 

Con Pizarro ya en América, siendo todavía un soldado explorando el nuevo mundo sin saber lo que le esperaba, en esos momentos en su imperio, el padre de Atahualpa, el Inca Huayna Qapac buscaba consolidar la conquista de un Reino llamado Huaylas, tomando por esposa a la hija de su máximo gobernante con quien tendría una hija, la princesa Inca Qespisisa Huaylas Ñusta, quien 16 años después con la llegada del Conquistador Español al Imperio, ella sería escogida por su hermano el ya Inca Atahualpa apresado por Pizarro, que al ver peligrar su vida, decidiera establecer vínculos de sangre con su captor, por ello le ofrecería como esposa a una de sus hermanas de sangre real, la más rica y más hermosa de todas ellas; Pizarro sabía que al casarse con una colla real, se legitimaría en cierto modo como gobernador del Imperio; es así que Qespisisa es llevada a Cajamarca, donde sería bautizada como Inés Huaylas Yupanqui y se realizarían los esponsales, dándose así la primera alianza matrimonial entre andinos y españoles; un año después en 1534 nacería en la primera capital del Perú Jauja, su hija primogénita y la llamarían como el padre, Francisca, con gran regocijo se festejó el bautizo de la primera mestiza nacida en el Perú, que sería con el correr del tiempo la mujer más rica del Perú, para el maduro conquistador, privado del calor familiar, su nacimiento significó un florecimiento de ternura y afecto, por un corto tiempo de la dura vida de los españoles las fiestas interrumpieron las guerras, las hostilidades y las desconfianzas.

 

 

 


 

 

 

En 1536, Francisca junto a su madre Inés Huaylas fueron llevadas a Lima durante el cerco que las fuerzas rebeldes que Manco Inca tendió a la recién fundada nueva capital del Perú, cuenta la historia que la madre de Inés envió 4 mil guerreros de élite desde Huaylas para defender la vida de su hija y de su nieta Francisca, consiguiendo de esta manera la derrota de los rebeldes y la consolidación definitiva de la conquista del imperio Inca.
Francisca, tuvo una infancia muy dura con el temprano alejamiento de su madre por la separación de su padre con esta, pocos años después cuando todavía era una niña con la inesperada y prematura muerte de su padre; tras el fallecimiento de su padre, la heredera Francisca como descendiente del Gran Marqués de la Conquista y de la Casa real Inca de Huayna Qapac, cuando ya era una joven de la edad de cuando su madre fue entregada al conquistador, ella no solo era una mujer muy culta, su padre se ocupó de darle educación como se daba en España, sabía leer, escribir, música y danzas, todas estas cualidades fueron razón para que fuera cortejada por los principales notables españoles del Perú, entre ellos Gonzalo Pizarro, su tío, que tenía entonces treinta años, y que juntos hubieran compuesto, una poderosa pareja, como temió el Consejo de Indias, con capacidad de intentar coronarse reyes del Perú. Sin embargo, como parte de la estrategia de la corona española para pacificar el Perú se desplazó a la familia Pizarro a Europa, incluida Francisca Pizarro.

 

 


 

 

El 15 de marzo de 1551 Francisca Pizarro con 17 años, era desterrada y partía a lo desconocido y a un futuro que podía imaginar emocionante, iría a la patria de su padre, conocería Extremadura, tierra de su familia y cuna de conquistadores, así cruzaría el océano lleno de peligros y aventuras donde muchos no sobrevivían en aquella época, en el transcurso del viaje demostró un espíritu caritativo por las limosnas que repartió, no sólo a los conventos e iglesias sino a las personas necesitadas.

 

 


 

 

Francisca pisaría con cuanta ilusión suelo español y al llegar a Sevilla recibiría una misiva del Rey Felipe II, por ser hija de tan ilustre padre, en la que el soberano le preguntaba dónde quería residir, y es cuando llegaría la orden de Hernando Pizarro su tío como jefe de la familia para que se dirigiese a Medina del Campo, es así como llegó al castillo de La Mota donde el estaba recluido su tío, quien cumplía una sentencia del Concejo de las Indias por lo sucesos en el Perú; no hay documentos que cuenten si surgió el amor entre la joven de 17 años y su tío de aproximadamente cincuenta o si solo fue una unión por conveniencia familiar; largo fue el matrimonio de la pareja y durante ese tiempo tuvieron cinco hijos, dos de ellos morirían en la infancia.
Con el paso del tiempo, a pesar de los conflictos con la corona, fue promotora de muchas obras como la construcción del Palacio de la Conquista, del Convento de la Merced en Trujillo, la Catedral de la Plaza Mayor de Lima en Perú donde esta la cripta de su padre y además de múltiples donaciones, lo cual más adelante originaria la fundación "Obra Pía De Los Pizarro", que funciona hasta la actualidad; Francisca lograría con el tiempo la autorización, a fines de 1571, para instituir un mayorazgo que abarcaba sus bienes, tanto de la Península como los del Perú, en su condición de heredera de Francisco Pizarro, que a lo largo de esos años había hecho suya la idea inculcada por Hernando, de reunir todo el patrimonio dispersos de los Pizarro en una sola persona, la herencia de Pizarro era y debía ser la de todos los Pizarro.

 

 


 

 

En junio de 1578, cuando la vida de Hernando se apagaba, quedó oleado y sacramentado el mayorazgo, la obra de una vida y la culminación de los sueños de Francisca, ella había sacrificado todo, incluida su libertad, por aquel objetivo; Hernando moriría escribiendo en su testamento los muchos años de gratitud sobre su esposa y la voluntad de que su futuro fuera confortable; la muerte del esposo de Francisca era la muerte de toda la generación de su padre.

 

 


 

 

Al año siguiente del fallecimiento de Hernando, para alegría y un respiro emocional de Francisca se casaba su única hija, aunque por poco tiempo. La tragedia no se hizo esperar demasiado, su hija Inés murió apenas un año después de haberse casado, y algunos meses más tarde también moriría la hija de Inés su nieta, sufrió y se aferró a sus dos hijos, Francisco y Juan, y con ellos toda la obra de su vida, por lo que aceleró y acercaría los afectos de su hijo Francisco a una joven de familia conocida aunque sin fortuna, pero las tragedias seguirían y un año después en 1581, enfermaría Juan y moriría, la descendencia quedó reducida a sólo su hijo Francisco.

 

 


 

 

Finalmente Francisca tomaría la decisión más sorprendente de su vida, treinta años atrás, la princesa de la conquista había cruzado el océano con sueños de alcanzar lo que en sus casi diecisiete años de existencia nunca había experimentado de verdad, la libertad, una vez resignada a la idea de abandonar su tierra, había soñado con llegar a Madrid, formar parte de la corte y casarse con un caballero digno de su alta alcurnia, pero, como antes, las circunstancias y los hombres de su familia modificaron su destino, entregando algo menos de treinta años de matrimonio a un hombre treinta años mayor que ella.
Francisca tal vez sin saberlo llevaba preparándose durante casi cuarenta y siete años, ser libre, sin consultarlo con nadie y sin dar explicaciones, Anunciaría su sorpresiva boda con Pedro Arias Dávila Portocarrero, el hermano de la mujer con la que había casado a su hijo. El matrimonio que escandalizó a Trujillo seria en la Iglesia de Santa María la Mayor, joya de la ciudad extremeña, entre un tumulto de chismes que testimoniaban toda clase de amores prohibidos en la vida de Francisca, pero aun así entró a la iglesia acompañada por una multitud de vecinos de la ciudad, que no estaban dispuestos a enojar a su ahijada predilecta. A los pocos días de casada, estaba ya organizando sus cosas para el siguiente paso, la mudanza a Madrid, había llegado la hora de abandonar Trujillo y a sus muchos fantasmas y cenizas familiares, y de entregarse a su nueva vida, esa vida estaba en Madrid, en la corte de Felipe II, junto al hombre que, a pesar de la disminuida condición, podía abrirle puertas a Francisca en su nueva vida.

 

 


 

 

No era exactamente lujo lo que quería, porque ya lo tenía, ni fortuna, porque era la encomendera más rica del Perú, la tierra del oro y de la plata, tampoco pretendía prestigio, porque la heredera de Pizarro lo tenía garantizado allí donde estuviera. Ella quería otra cosa, una identidad individual.
En 1582 viajaba hacia Madrid con su esposo, su hijo y su nuera, construyó para sí una vida eminentemente cortesana llena de comodidades, plenamente libre, sin fantasmas ni conquistadores.

 

 


 

 

Los años pasaron, vivió de cerca los acontecimientos de la época, como todos en la corte, la corte la había acogido con admiración, el solo nombre del Perú brillaba como el oro en Madrid.
Francisca Pizarro Yupanqui una princesa heredera de dos linajes entre dos mundos, a quien la historia le pasó por un costado, moriría en Madrid en 1598 y su estirpe se perdería para siempre en 1756.

 

 


Victor Gonzales
Arquitecto, Master en conservación del patrimonio Edificado
Invetigador peruano del Proyecto Qespisisa Huaylas Ñusta

Escrito para etrujillo prohibida su reproducción o copia total o parcial.

 

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